Incluso para los astrofísicos acostumbrados a manejar conceptos como supernovas, estrellas de neutrones y agujeros negros, la señal que han captado los dos observatorios LIGO
es extraordinaria: un mero "blip" de apenas dos décimas de segundo
tan breve que, para que los asistentes a la conferencia de prensa
pudieran escucharlo, ha habido que pasar el audio varias veces a
velocidad muy lenta.
Ese modesto chasquido contiene información sobre una catástrofe cósmica de proporciones inauditas: el choque –más bien la
fusión-
de dos agujeros negros de masa mediana, que giraban alocadamente uno en
torno a otro, emitiendo en cada giro una perturbación gravitatoria. Es
un proceso similar al de los electrones que al moverse por los circuitos
de una antena emiten ondas de radio. Sólo que aquí, los electrones son
en realidad
singularidades, enormes masas concentradas en un simple punto al que su propia gravedad aísla de nuestro universo.